La pareja del año

 Interesante artículo de MARIO VARGAS LLOSA. El País 27/12/09.

Para leerlo: La pareja del año

La historia del hipopótamo ‘Owen’ y su madre adoptiva tortuga tiene su moraleja. ¿No es una vergüenza que dos animales puedan convivir y que los estúpidos humanos se entrematen como salvajes?

Hace pocos años, a fines de diciembre de 2004, el litoral de Kenia padeció un maremoto que devastó vidas y haciendas, destruyó aldeas y bosques y causó grandes perjuicios económicos al país africano. Una de sus víctimas fue un muy joven hipopótamo de pocos meses de edad y 300 kilos de peso llamado Owen al que las aguas desbordadas arrastraron a lo largo del río Sabaki hasta precipitarlo en el Océano Índico, de donde las olas encrespadas y las corrientes enloquecidas por el huracán lo devolvieron al continente, dejándolo varado y sin duda aterrado y exhausto en las afueras de Mombasa. Para su fortuna, allí lo encontraron unos voluntarios de la reserva natural de Lafarge Park, vecina de aquel puerto keniano, que se esforzaron por quitarle el susto y entonarlo. Pero no pudieron devolverle a su madre, que previsiblemente pereció o se extravió en el cataclismo.

Los hipopótamos tienen una arraigada vocación familiar y las crías viven pegadas a sus progenitoras los primeros cuatro años de vida. Ni corto ni perezoso, Owen, el huérfano, encontró pronto una madre adoptiva que sustituyera a la que perdió. La ecologista Paula Kahumbu, que dirige Lafarge Park, se quedó muy sorprendida cuando advirtió que, entre todas las féminas de la reserva, Owen había elegido para cumplir esta función a una gran tortuga ya centenaria y que ésta había asumido sus funciones maternales con cariño y responsabilidad. Desde entonces madre e hijo son inseparables. Nadan, comen y duermen juntos y cada vez que alguien, animal o ser humano, se aproxima a la tortuga, el pacífico Owen se enfurece y lanza un bufido que arranca de los árboles a los pájaros del contorno. (…)

La idea de que el ser humano es superior al animal porque consta de razón y, según los creyentes, de alma, es un parti pris vanidoso e injusto si consideramos la conducta de unos y otros en relación con su prójimo. Por lo general, los animales sólo matan para procurarse el sustento y asegurar su supervivencia. Muy rara vez se atacan entre familias o individuos de la misma especie o por el puro placer de matar. Los seres humanos matan la mayor parte de las veces -si juzgamos a la luz imparcial de la razón- por menudos apetitos, fanatismos, intolerancias, perversiones, egoísmos, y quienes desatan las guerras y matanzas suelen padecer en estos desenfrenos tanto como sus víctimas. Los prodigiosos avances científicos y técnicos que el conocimiento ha permitido han alcanzado logros notables en el campo de la salud, la educación, el aprovechamiento de la naturaleza. Pero también han ido equipando a la humanidad con un arsenal tan desmedido de armas de destrucción masiva que sólo una parte de él sobraría para acabar con toda forma de vida en el planeta. El desarrollo y el progreso -notables, sin duda- nos han ido acercando cada vez a un abismo de violencia y descomposición del que ya somos bastante conscientes y, sin embargo, ningún Gobierno, de la índole que sea, parece seriamente decidido a actuar en consecuencia.

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